El dinero necesita crecimiento y el crecimiento necesita energía

Apéndice 10

Título original: “THE TRANSITION HANDBOOK”
Autor: Rob Hopkins
Traducción: Linda Morrison (Granada, España)
 
La edición holandesa del Manual de la Transición ya se ha publicado, y la historia de su traducción es estupenda: Hubo más de 50 personas de la región que quisieron tener una versión en holandés, entonces se juntaron y trabajaron en forma colaborativa hasta lograrlo. Para que el Manual estuviera más al día, a último momento me preguntaron si sería posible añadir una nueva sección corta sobre la economía, y aquí está. El presente escrito fue elaborado con la considerable ayuda de Peter Lipman, Jules Peck, Ciaran Mundy y Steph Bradley. Puedes imprimirlo y agregarlo como anexo al Manual de la Transición.

Rob Hopkins

NOTA: Comarca Andina en Transición ha incluido esta actualización como Apéndice 10 en el Manual

 


Economía en Transición
El dinero necesita crecimiento y el crecimiento necesita energía

Desde que se publicó la primera edición del Manual de la Transición se han producido enormes cambios de amplio alcance en la economía mundial. Para muchos, ellos son vistos como la conclusión final de la era de petróleo barato, el resultado inevitable de la incapacidad de una economía global adicta al petróleo que ya no puede conseguir sus dosis, y una coyuntura particular que en Julio de 2008 llevó los precios del petróleo hasta los 147 dólares el barril como consecuencia de las maniobras de los especuladores, claramente un precio con el que la economía mundial tal como la conocemos es incapaz de funcionar.

Un lugar útil para comenzar a explorar lo que exactamente está ocurriendo en la economía global, y en particular de cómo ésta se relaciona con el pico del petróleo y el cambio climático, es dar una mirada a lo que hemos venido asumiendo hasta ahora sobre la economía. ¿Son válidos dichos supuestos aún luego de los eventos de los últimos meses? ¿Tuvieron algún sentido desde un principio? ¿Cuáles son los supuestos que aún seguimos creyendo válidos sobre la economía, sobre el sistema financiero y los recursos básicos tanto naturales como culturales, en los que hemos basado nuestras decisiones durante los últimos 50 años? Chris Martenson, autor del “Curso del Crash”, lo expresa de esta forma:

“Se puede resumir así. Hay algunas cosas que sabemos. Sabemos que la energía es la causa de todo el crecimiento y toda la complejidad. Sabemos que cada vez hay menos energía excedente. Sabemos que la era de petróleo barato se terminó. Y sabemos que a causa de esto, los costes del petróleo van a consumir una proporción cada vez más grande de nuestros presupuestos. Y por todo esto que sabemos, existen algunos riesgos. Existe el riesgo de que nuestro sistema monetario exponencial deje de funcionar en un mundo donde el excedente de energía sea cada vez menor. Simplemente no está preparado para este escenario. Y existe el riesgo de que nuestra sociedad será forzada a volverse menos compleja. Si lo piensas bien, esta última frase tiene un gran impacto.”

En forma resumida, estas han sido nuestras creencias:

    • Las economías pueden crecer indefinidamente. Cada año haremos más transacciones, ganaremos más dinero, se producirán y se consumirán más bienes, que serán vendidos a más consumidores.
    • Este crecimiento económico indefinido y los recursos materiales que se necesitan para fabricar cada vez más bienes, siempre estarán disponibles y serán baratos. La energía necesaria para fabricar estos bienes también estará disponible y será barata.
    • Siempre tendremos acceso a crédito barato y podemos pedir prestado del futuro basados en la creencia de que en el futuro habrá mayor riqueza, mejor tecnología y más solvencia que en el presente.
    • El Reino Unido puede dejar de ser una sociedad con una base productiva y una agricultura diversificada y flexible, hasta tener una economía sólo basada en servicios y conocimientos. Tal como lo explica el humorista David Mitchell: “ahora nos dedicamos a producir ringtones para teléfonos móviles y café con leche en sobres”.
    • El valor de nuestras viviendas subirá a largo plazo y siempre podremos utilizarlos como cajeros automáticos, solicitando todos los préstamos hipotecarios que necesitemos. Así que cuantas más casas se construyen, más personas podrán pedir prestadas sumas enormes de dinero, para siempre.
  • De alguna manera todo este crecimiento económico extra y “progreso” nos brindará vidas y comunidades más prósperas, y la única alternativa posible a todo eso es la pobreza, el desempleo y una ruptura de la ley y el orden.

Claramente, estos supuestos ahora son muy discutibles. El tema de que el crecimiento económico es algo que puede continuar para siempre, durante muchos años ha sido un dogma completamente incuestionable. Sostener la idea de que el crecimiento económico no sería posible en un mundo con menos energía era pues una herejía. Algunos dirían que dicha creencia tenía sus bases en la idea de que las masas deben permanecer ocupadas física y psicológicamente para mantener el orden social. Ahora, sin embargo, cada vez más personas están desafiando abiertamente tal ortodoxia.

En una exposición reciente, durante la presentación de un novedoso informe de la Comisión para el Desarrollo Sostenible llamado “¿Prosperidad sin Crecimiento?”, el profesor Tim Jackson dijo: “Cuestionar el crecimiento es visto como un acto de lunáticos, idealistas y revolucionarios, pero es lo que debemos hacer. El mito del crecimiento nos ha fallado. Ha fallado espectacularmente y en sus propios términos, en proveer estabilidad económica y asegurar el medio de vida de las personas.” El informe concluye de esta manera: “Perseguir únicamente el crecimiento representa una horrible distorsión del bien común y de los valores humanos subyacentes. El mercado no se derrumbó por individuos criminales ni por la incompetencia de las entidades reguladoras. Se derrumbó debido al crecimiento mismo.”

En las economías occidentales modernas, cada vez se crea más y más dinero a través del sistema financiero mediante préstamos de una amplia gama de instituciones, no solamente de los bancos. Comprando muebles en cuotas también se crea el dinero. ¿Qué significa esto? Sencillamente que a partir de concederse un préstamo hay más dinero circulando en el sistema, el cual puede utilizarse para comprar cosas, y la mayoría de las cosas tienen que fabricarse a partir de algo, de alguna forma, en algún lugar. Se trate de préstamos para negocios, para gastos personales o hipotecas, el principio básico que se aplica es el mismo: Quienes prestan el dinero asumen que para pagar los préstamos con sus intereses, la gran mayoría de sus clientes usarán el dinero para generar más riqueza de la que tenían al principio. También asumen que si algo va mal, entonces podrán tomar posesión de los bienes del cliente (casa, terreno, coche…) y así cubrir el valor del préstamo más los intereses y sus gastos.

Es importante comprender que la relación entre quienes prestan y los que se endeudan no es de igual a igual. El progresivo aumento de la inequidad es el motor principal de la burbuja del consumismo. Estudios hechos por el grupo de investigaciones sobre la moneda MonNeta demuestran que inclusive en Alemania, una de las pocas naciones en el mundo que históricamente vienen administrándose sin deuda, el 80% de la población pagan el doble de los intereses anuales por sus deudas, comparado con los intereses que reciben por cualquiera de sus inversiones. Del resto un 10% están en equilibrio financiero, y solamente el otro 10% de la población son los beneficiarios netos (recibiendo el interés pagado por el 80% de los pagadores netos). En el año 2004, ese 80% le pagó mil millones de Euros cada dia al 10% ubicado en la cúspide de la pirámide. En el Reino Unido los datos son aún más extremos, debido al nivel más elevado de endeudamiento hipotecario. Los pocos afortunados que terminan recibiendo un enorme excedente de dinero, luego buscan a más gente para poder otorgarles nuevos préstamos, inflando así el sistema.

Tal como ha demostrado la reciente crisis crediticia, se trata de una apuesta. Es una apuesta especialmente peligrosa cuando los que prestan tienen poca conexión o comprensión de las personas y organizaciones que son sus deudores, y donde los títulos de esas deudas y sus riesgos se compran y venden en los mercados internacionales. Ese peligro se multiplica cuando la moneda de referencia mundial, es decir, el dólar estadounidense, ha venido flotando libre y sin conexión con ninguna realidad material, desde que Richard Nixon en 1971 terminó con el estándar del oro y su convertibilidad. Para la mayoría de las transacciones hoy en día no hace falta tener confianza a nivel personal, no se desarrolla ninguna relación humana, y el dinero intercambiado no tiene ninguna lealtad hacia la comunidad en la que se lo gasta. En el futuro, para las economías más locales será fundamental la reconstrucción del nivel de confianza entre las personas y las empresas.

Si pretendemos crear comunidades sostenibles que a su vez dependan de la economía del crecimiento, hay otro problema fundamental que va directo al corazón del asunto. En caso que todo el mundo pida dinero prestado y se obliga legalmente a devolverlo con intereses, la economía general tiene que continuar creciendo para permitir esa devolución. De otro modo el sistema empieza a fallar (tal como estamos viendo en la crisis financiera actual). Históricamente, el crecimiento económico siempre ha estado vinculado de forma inseparable con un incremento en el uso de la energía. De hecho, el desarrollo basado en los combustibles fósiles cambió radicalmente la economía, desde aquellos medios de producción basados en la tierra y el trabajo manual, hasta la economía del presente, que se basa principalmente en el índice de uso de energía y la propiedad de los desarrollos tecnológicos o la información asociada a los mismos. Los modelos económicos que tuvieron éxito en la subida hacia el pico energético, ahora serán completamente inapropiados para transitar la pendiente hacia abajo.

Esta conexión entre la actividad económica y la energía puede ser menos obvia en países como el Reino Unido, donde la base productiva industrial se ha reducido, pero el incremento en el uso de la energía (y las consiguientes emisiones de CO2) que requiere nuestro estilo de vida, se han desplazado hacia los países que ahora fabrican nuestros bienes, siendo China el ejemplo más obvio. Así, el sistema financiero que todos utilizamos implica que siempre estaremos esclavizados por una dependencia creciente de la energía accesible, que como hemos visto, ya no se puede garantizar.

Chris Martenson de nuevo lo expresa muy bien en su Curso del Crash: “Nuestra economía debe crecer para dar respuesta a un sistema monetario que requiere el crecimiento, pero esto a su vez es desafiado por un sistema de energía que ya no puede crecer, y ambas cosas están vinculadas a un mundo natural que se agota rápidamente.”

El modelo de la Transición asume la vuelta al medio local de la vida y el trabajo. Esto es debido al final de los combustibles baratos para la producción de alimentos, para el transporte y para la generación de energía. Sin embargo, hoy en día casi todo el mundo forma parte de un sistema económico globalizado, altamente dependiente de las importaciones. Los políticos y líderes de negocios recientemente se han distanciado de los peores prácticas financieras sin regulación, pero sea que se trate de un problema crediticio, de suministro energético o del cambio climático, la mayor crisis de empleo jamás visto ya se ha desatado, y no reconoce los límites de las fronteras internacionales.

La fantasía acerca de cuanta riqueza tenemos como individuos y como naciones, impulsa un sobregasto masivo y una sobreexplotación de recursos limitados como el petróleo, y también nos lleva a creer que frente a las dificultades financieras actuales, la mejor respuesta posible es poner más dinero en juego. El rescate gubernamental de los bancos y de la industria automotriz son los ejemplos de la aplicación de un pensamiento inapropiado. Es creer que el tipo de pensamiento que nos metió en el problema nos podrá sacar del mismo problema. Mientras que el precio de los alimentos, la vivienda y los servicios públicos ha venido creciendo, para los más pobres a menudo queda muy poca disponibilidad de esa abundancia de moneda oficial. Ahora estamos enfrentando el colapso de los bancos y las monedas nacionales. Todo el mundo sufrirá el incremento de los precios, desde los alimentos hasta el combustible y los servicios públicos, presentándose como un desafío enorme.

La abrupta parálisis de una economía basada en el crecimiento, en la deuda y en el consumo, dejó al sistema financiero frente al vacío. Con el pico del petróleo y el cambio climático pisándole los talones a la crisis de crédito, ¿cuáles serán las consecuencias para millones de personas que trabajan en los centros comerciales y la enorme gama de servicios que crecieron alrededor de un consumo insostenible? Una cosa que había llamado la atención a los analistas del pico del petróleo, fue que en el mundo se produjo el pico de la demanda antes de llegar el pico del suministro. El impacto del alza de precios del petróleo en Julio del 2008 fue como si el mundo ahora hubiera sido forzado a reducir su demanda.

El otrora floreciente sector de la construcción se ha estancado en muchas partes del mundo, y aunque fuera posible, la idea de financiar más desarrollo insostenible no parece ser la respuesta adecuada. ¿Hasta dónde llegará todo esto? Sólo podemos intuirlo, pero mientras tanto, las personas y los negocios en transición pueden planificar una economía futura más resiliente y basada en redes locales. La estrategia será crear modelos de negocios que puedan ser viables ahora en nuestro actual paradigma económico todavía vigente, de tal modo que también resulten capaces de prosperar en otro modelo futuro totalmente distinto.

Dado que hasta ahora los gobiernos nacionales parecen seguir montados en la creencia de que la solución del “estímulo fiscal” siempre funcionará bien (es decir, echarle más dinero al problema y esperar que se resuelva), es cada vez más evidente que las respuestas deben buscarse ahora en los niveles más locales, para empezar a considerar soluciones genuinas. Las propias comunidades afectadas y su gente son quienes mejor pueden considerar cómo se desenvolverá la contracción económica en sus regiones, pueblos y aldeas específicas. ¿Podemos ayudar a construir una nueva economía que tenga como objetivos centrales la equidad, la sostenibilidad medioambiental y el bienestar humano? Esto podría significar negocios más regionales y locales, enfocados en las fortalezas naturales de la zona. ¿Dónde se puede encontrar el dinero y las inversiones necesarias para desarrollar nuevas actividades que sean más relevantes en un futuro sin combustibles fósiles? Mientras muchos trabajadores luchan con las realidades del derrumbe crediticio y el pico del petróleo, ¿qué otro tipo de negocios podrían desarrollarse en la región?

A nivel macro ya existen ideas sólidas para fundar tal enfoque. El trabajo de Peter Victor en su obra Managing Without Growth (Manejándonos sin Crecimiento) demuestra que, incluso ahora, algunas políticas económicas amplias dirigidas más específicamente a generar bienestar para las personas en Canadá, podrían lograr un alto índice de empleo, atención sanitaria para todos, y dejaría un mundo menos degradado para la generación siguiente. Sin embargo, Victor concluye que de momento esto sería políticamente imposible, a no ser que la iniciativa surgiera desde movimientos de base. El trabajo de Herman Daly llamado Steady-State Economics (La Economía Estabilizada) pretende maximizar el desarrollo económico cualitativo y equitativo, tratando de satisfacer las necesidades reales de las personas y del planeta, en lugar de enfocarse como el modelo actual en la maximización del crecimiento económico cuantitativo, que simplemente crea nuevos “deseos” y “cosas para comprar”. Las Iniciativas de Transición pueden demostrar cómo podría funcionar una sociedad de tales características, y cómo podría sentirse si se la construye sobre una escala humana. Ese apoyo de las organizaciones de base más el mensaje vivo de los visionarios como Daly, nos muestran el poder y la capacidad resiliente de las alternativas que podemos empezar a crear ahora mismo a nivel local.

_______________________

 

Si te interesa explorar más en profundidad la relación entre Economía y Transición, una buena forma de comenzar es el entrenamiento denominado “Crash Course” (El Curso del Crash) a través del sitio web de Chris Martenson:

http://www.chrismartenson.com/crashcourse/espanol

 

Advertisements

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s