Un mundo sediento de petróleo

FUENTE

El crudo está por las nubes y puede seguir subiendo. Se explica porque la demanda es alta pese a los precios elevados, la producción se estanca y hay grandes inversiones financieras en el mercado de materias primas.

El precio del crudo se ha multiplicado por 10 desde los mínimos del año 1998, y prácticamente se ha duplicado en el último año. Esta sostenida evolución alcista ha encendido todas las alarmas sobre el presente y el futuro.

Cualquier explicación de la tendencia alcista en el mercado del petróleo requiere considerar variables fundamentales, es decir, condiciones de oferta y de demanda física del petróleo, y también variables financieras. Las variables explicativas son conocidas: en primer lugar, la solidez de la demanda en entornos de precios altos; en segundo lugar, la falta de respuesta de la oferta, en términos de aumentos de producción, tanto en el corto como en el medio plazo; y en tercer lugar, los problemas de producción y de capacidad de la OPEP. El cuarto factor es el nuevo papel de la inversión financiera en la determinación del precio de las materias primas, especialmente el del petróleo.

En lo que se refiere a la solidez de la demanda, se habla desde hace años de un cambio estructural que implica que incluso en entornos de precios altos la demanda no se contrae como lo hizo, por ejemplo, en 1974, cuando cayó un 1,6% frente a un crecimiento del 8% en 1973. La explicación a esta resistencia se debe, fundamentalmente, al mayor peso del transporte en la demanda final de los países OCDE y al creciente papel de la demanda de los países emergentes. En primer lugar, el crecimiento de la demanda en los países OCDE se ha concentrado en el sector transporte tanto privado como de mercancías, donde, aparentemente, los pasados aumentos de precios no han moderado la demanda. La constatación de esta realidad es que la demanda final de gasolina y de diésel en Estados Unidos no ha dejado de aumentar en el periodo 2000-2007. Todos los analistas esperaban que, ante un precio que más que se triplicó en ese periodo, cayese la voracidad, pero no fue así.

En segundo lugar, la aceleración en la tasa de crecimiento económico de los países emergentes se ha traducido en un aumento de la demanda de petróleo. De hecho, en 2007 todo el crecimiento de la demanda mundial provino de países emergentes. La fortaleza de la demanda en estos países tiene que ver básicamente con que están inmersos en un proceso de industrialización y de motorización y con que producen bienes intensivos en energía que luego son reexportados, incorporando el mayor costo de la energía. Un ejemplo es el precio internacional de los metales o las exportaciones petroquímicas. También es decisivo el hecho de que más del 70% del consumo mundial de petróleo en estos países esté subvencionado; por eso se resiste a caer el consumo a pesar de los precios internacionales altos. Además, en estos países hay procesos de transición de sociedades agrícolas a urbanas que presionan al alza la demanda eléctrica. Por ejemplo, en la China de 2008 el aumento del consumo de petróleo se explica en un 70% por el consumo de diésel, y ese consumo se destina tanto a que los ferrocarriles muevan el carbón con el que se genera el 80% de la electricidad, como a producir directamente electricidad con diésel, dados los problemas de la red eléctrica china.

En lo que a respuesta de la oferta se refiere, continúan las sorpresas negativas en los países no pertenecientes a la OPEP: a la caída de 450.000 barriles diarios en la producción de México se le une el descenso en la producción en el Mar del Norte y, sobre todo, la de Rusia, país que aportó los aumentos de crudo entre los años 2000 y 2006. Teniendo en cuenta las tres zonas mencionadas, la producción media del primer trimestre de 2008 cayó en 710.000 barriles / día respecto a la de igual periodo del año anterior. No sólo no aumenta la producción de crudo convencional en la región no OPEP sino que, los nuevos descubrimientos de reservas probadas continúan siendo inferiores a la producción y al consumo anual. Esto significa que para el futuro no se está reponiendo el petróleo que consumimos. Y a esto hay que añadir que los campos grandes de petróleo, donde se produce más del 70% del total, cada vez producen menos, es decir, aumenta su tasa de “declino”. Por otra parte, se está retrasando el desarrollo de campos ante el aumento imparable del nacionalismo energético y la consiguiente reducción de la presencia de las compañías privadas internacionales, las cuales históricamente han explicado más del 70% de la inversión.

Por último, la creciente producción que proviene de crudo extraído en plataformas marinas está sujeta a interrupciones de producción por huracanes o sencillamente porque el mantenimiento de tan complejas instalaciones requiere más tiempo del inicialmente previsto.

En lo que a la OPEP se refiere, continúa con la capacidad ociosa en mínimos, lo que exacerba la volatilidad ante cambios en la percepción de los riesgos geopolíticos, especialmente ante un potencial agravamiento de las tensiones entre Estados Unidos e Irán durante los últimos seis meses del mandato de George W. Bush. De hecho, en los últimos años la OPEP prácticamente no ha aumentado su capacidad de producción. La política de mantenimiento de cuotas de producción se ha traducido en que, en los primeros cuatro meses de este año, el cártel ha reducido su producción real en alrededor de 600.000 barriles diarios, en gran medida por imposibilidad manifiesta, como lo demuestra el hecho de que la reducción de la producción en la región OPEP se concentre en Nigeria, Irán, Venezuela y Arabia Saudita.

Pero es que, además, la inversión financiera está jugando un papel cada vez más importante en el juego de los precios. Desde julio de 2007 ha descendido la rentabilidad de las inversiones reales y financieras tradicionales, ha crecido la percepción de los riesgos inflacionistas y el crédito ha sufrido una restricción drástica. Esto se ha traducido en que, según algunas estimaciones, durante el primer trimestre de 2008 el aumento de la inversión financiera en materias primas haya crecido tanto como en todo el año 2007. Hay cálculos que apuntan a que los fondos invertidos en contratos de futuros de materias primas han pasado desde los 75 millones de dólares en 2006 a unos 250.000 millones en 2008.

De hecho, no está resultando una mala inversión; la rentabilidad anualizada en el primer cuatrimestre del año de los principales índices de materias primas, donde la inversión en petróleo es fundamental, ha sido del 60% como media.

La creciente posición compradora de futuros de estos nuevos participantes en el mercado que invierten en materias primas supone un cambio estructural. Este cambio estaría relacionado con la diversificación de cartera que la inversión en materias primas supone ante la correlación negativa histórica con los rendimientos de bonos y acciones. Mientras los nuevos inversores financieros continúen comprando contratos de futuros existirá un sesgo al alza de los precios del crudo y del resto de materias primas.

No obstante, no se debe olvidar que en el medio y el largo plazo lo importante son las condiciones básicas de oferta y demanda del mercado físico del petróleo. Una visión extendida entre muchos analistas de las tensiones oferta-demanda actuales se puede resumir de la siguiente forma: el precio del crudo estará en tendencia alcista mientras que la demanda crezca más que la oferta. Dado que la producción no OPEP en el último período no ha aumentado más de 500.000 barriles / día y la demanda crece a un ritmo de un millón de barriles / día, incluso con precios de 100 dólares o más por barril, se necesitan precios aún más altos para que se modere la demanda.

Existen cálculos según los cuales para que los aumentos de demanda no sobrepasen la barrera de los 500.000 barriles / día serían necesarios precios claramente por encima de los actuales y muy próximos a los 175 dólares por barril. Los mismos cálculos implican que, si la producción aumentase en aproximadamente un millón de barriles / día -que era hasta hace poco la cifra esperada por la Agencia Internacional de la Energía-, unos precios en el entorno de los 120-140 dólares permitirían igualar la demanda con dicha oferta.

Sin embargo, es difícil que los precios actuales no tengan un efecto muy importante a largo plazo sobre la eficiencia energética y, por tanto, sobre la reducción de la demanda. El problema principal es que seguimos sin saber que pasará con la oferta en los próximos años.

Pedro Antonio Merino García es técnico comercial y economista del Estado.

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