El ‘shale gas’ hará que nuestros nietos sigan usando el gas para generar energía

Por Juan Manuel Daganzo

4/07/11 16:1

El pasado mes de mayo me invitaron a asistir en Madrid a la reunión anual de Sedigás, la patronal que agrupa a los productores y distribuidores de gas en España, entre los que se encuentra Repsol. Allí, los asistentes corroboraron que, a pesar de que 2009 fue un mal año en consumo de gas en todo el mundo a consecuencia de la crisis, las reservas están garantizadas hasta el infinito y más allá. Y todo gracias al shale gaso gas no convencional, un tipo de hidrocarburo más “escondido” al que ahora se puede acceder con más facilidad gracias al desarrollo de nuevas tecnologías. Y los datos lo corroboran: hace cuatro años apenas había producción, pero en 2010 se recuperaron 125 mil millones de metros cúbicos (bcm).

El aumento de las reservas de gas es una gran noticia, sobre todo porque es una energía limpia que puede sustituir a otras. Limpia porque expulsa menos CO2 a la atmósfera y es un candidato idóneo para sustituir al carbón en la generación de energía eléctrica. Incluso sirve para dar apoyo a las energías renovables cuando no puedan absorber la demanda energética.

El gas también tiene capacidad de sustituir a otros métodos de generación de energía, como la nuclear. De hecho, algunos de los conferenciantes en la reunión apuntaron a que habrá un significativo aumento en el uso del gas en Japón para sustituir a las centrales nucleares dañadas por el terremoto. Y quizá en Alemania, con la decisión de cerrar algunas centrales, ocurra lo mismo.

Y todo ello será posible por las crecientes reservas de gas natural, de las que, en buena medida, el shale gas (arcillas con alto contenido en materia orgánica donde se encuentra el gas) es responsable. Según los datos de Oil&Gas Journal, el crecimiento anual de las reservas mundiales es del 0,6%, y según Sedigás, las actuales reservas de gas son un 25% más elevadas que en el año 2000 y un 47% más abundantes que en 1990.

Luis Ortega Dona, investigador de Repsol, señala que hace cuatro años Repsol ya sabía de la importancia que iban a tener los yacimientos no convencionales de gas, específicamente el gas shale y se volcó al estudio de los retos tecnológicos, así como de las incertidumbres en la explotación de este tipo de yacimientos. De hecho, Repsol participa desde 2009 en el consorcio Crisman, que está en la vanguardia en desarrollo e innovaciones tecnológicas como modelaje de yacimientos, fracturamiento y manejo de agua en el desarrollo de campos de shale gas.

¿Estará basado el futuro de la energía mundial en el gas? Es posible, sobre todo porque la Agencia Internacional de la Energía estima que hay 921 billones de metros cúbicos de gas no convencional, de los que se podrían recuperar 380 billones, el equivalente al 83% de las reservas mundiales de gas convencional en el mundo. Algo alucinante, ¿no os parece?

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