En el desafiante nuevo mundo de los productores de petróleo, asociación es la palabra clave

FUENTE

En Venezuela, el Presidente Hugo Chávez amenaza con asumir el control de algunos grandes proyectos de empresas estadounidenses y europeas. En Rusia, recientemente Royal Duch Shell cedió el control ante el gobierno del Kremlin de un gran yacimiento petrolífero llamado Sakhalin II. En los países desarrollados, hogar de los seis “supergrandes” productores de petróleo, los políticos están debatiendo la posibilidad de aplicar impuestos sobre los beneficios inesperados.

Ante las subidas de los precios del crudo, a lo largo y ancho del mundo los gobiernos están respondiendo aplicando nuevos impuestos a las empresas petrolíferas y obligándolas a renegociar los contratos, proporcionando a empresas extranjeras el acceso a reservas clave.

En opinión de los participantes en la Cumbre Económica de Wharton 2007, estas reacciones auguran una nueva era para el negocio del petróleo. Se acabaron los tiempos en que las principales empresas petrolíferas podían dictar los términos de los acuerdos a los países huésped. Cerca del 80% de las reservas del mundo ya están bajo el control de empresas estatales, y algunos líderes políticos como Chávez y Vladimir Putin de Rusia parecen ansiar un control más estricto sobre la riqueza petrolífera de sus países. Rusia tiene las mayores reservas de petróleo del mundo después de Arabia Saudí.

“La capacidad de las principales empresas petrolíferas para ejercer su poder se ha reducido”, decía David Fleischer, director de Chickasaw Capital Management en Memphis, Tennesse. “Aún aportan mucha tecnología, experiencia y conocimientos, pero en el mundo actual eso es cada vez menos importante. Países como Venezuela no están excesivamente preocupados por la maximización de sus ingresos. Les preocupa también el control de sus recursos”.

Buscando nuevos acuerdos

No obstante, la situación no es tan terrible como puedan dar a entender las portadas de los periódicos, sostenía Mohammad Azam Ali, director ejecutivo de Orient & Gulf DMCC, con sede en Dubai. A menudo las amenazas de los políticos son meras poses para agradar a los votantes locales, no son auténticas declaraciones de intenciones. “Los gobiernos, la mayoría de ellos, saben perfectamente para qué necesitan las empresas. Hay muchos ejemplos de empresas petrolíferas estadounidenses a las que las cosas les van muy bien el Oriente Medio a pesar de los problemas entre el gobierno estadounidense y diversos gobiernos de dicha zona”.

Pongamos como ejemplo el caso de Omán, un sultanato de la Península Arábiga. Recientemente ha firmado un contrato de largo plazo con Occidental Petroleum, con sede en Los Ángeles, para poner en marcha un campo petrolífero de miles de millones de barriles. Occidental fue la que mostró interés por Omán y se comprometió a invertir más de 1.000 millones de dólares y perforar más de 1.000 pozos –mucho más de lo que Omán podría haber hecho por sí mismo-. El gobierno de Abu Dhabi, el mayor de los Emiratos Árabes Unidos, contribuyó a la coordinación del acuerdo y acabó con una participación del 15% en el proyecto. Al invitar a participar a Abu Dhabi, Occidental encontró un modo de acercar sus intereses a los de Omán. “Si Omán decide que quiere renegociar el acuerdo con Occidental, también tendrá que hacerlo con uno de sus vecinos”, señalaba Azam Ali.

Marathon Oil también quiere que sus proyectos funcionen tanto para ella misma como para el país huésped, decía Janet Clark, directora financiera de la empresa, con sede en Houston, Texas. En el mundo actual, los productores de petróleo deben aceptar a empresas petrolíferas estatales como socias, no intentar excluirlas de los proyectos, explicaba.

Marathon está haciendo de la necesidad virtud, admitía Clark. “No somos Exxon o Chevron, y no podemos abusar de la gente”. El pasado año los ingresos de Marathon fueron 65.000 millones de dólares, mientras los de Exxon Mobil alcanzaron los 378.000 millones de dólares. Pero los ejecutivos de Marathon también creen que los acuerdos justos crean un buen clima que más tarde puede generar dividendos inesperados. Por ejemplo, el gobierno de Libia recientemente invitaba de nuevo a Marathon a entrar en el país dos décadas después de haberlo abandonado debido a las sanciones económicas impuestas por el gobierno de Estados Unidos. “En 1986 tuvimos que abandonar 300 millones de barriles en reservas”, recordaba Clark. “Como teníamos una buena relación, todo este tiempo nos los mantuvieron”

La construcción de una planta de gas natural licuado en Guinea Ecuatorial es un ejemplo de los esfuerzos de cooperación de Marathon con los gobiernos locales, señalaba Clark. Marathon se ha comprometido a formar a personas del lugar y darles empleos cualificados. También ha puesto en marcha una campaña anti-malaria en la región en la que tiene presencia. Por su parte, Guinea Ecuatorial ha estado invirtiendo en la planta para asegurarse una participación del 25%.

Obviamente, no todo acuerdo funciona tan bien. Una asociación verdadera necesita dos socios dispuestos a colaborar. Y gobiernos como el de Chávez y Putin han demostrado estar más interesados en expropiar que en colaborar. Cuando tienen que enfrentarse a este tipo de tácticas, algunos expertos recomiendan a los productores de petróleo agotar todo resquicio legal disponible. Los tribunales podrían interpretar la falta de interés como una renuncia voluntaria a los derechos de propiedad, sostienen.

Fleisher aconsejaba humildad frente al machismo legal. “El enfoque humilde -esto es, dejar que las empresas petrolíferas estatales sean propietarias de las reservas mientras tú aportas capacidad y tecnología-, tiene mucho más sentido”, decía. De este modo, ningún socio potencial resulta alienado. Y tarde o temprano la mayoría de los países productores de petróleo tendrán que pedir ayuda a las grandes empresas. “Muchos de estos países de la OPEC ya están gastando todos los recursos obtenidos gracias al precio de 60 dólares, pero no están reinvirtiendo” en su infraestructura productiva, señalaba Fleisher. “Y hay países en el mundo –Irak es un ejemplo perfecto-, que simplemente no dispone de talento local. Así que necesitan la tecnología y capacidad que puedan proporcionarles las grandes empresas”.

Marathon ha tenido recientemente una experiencia que ratifica los consejos de Fleisher. La empresa ganó una oferta frente a una de las supergrandes empresas por el derecho de poseer y explotar una parte de un gran campo petrolífero. “No creo que el gobierno en cuestión pensase que nuestro programa técnico era superior”, decía Clark. “En las negociaciones previas, la otra empresa había adoptado un enfoque que no la hizo atractiva como socia”.

En este tipo de discusiones estratégicas, un importante comodín es el creciente papel de los productores estatales de petróleo de China, los cuales se están expandiendo agresivamente. Aunque no están tan avanzados tecnológicamente ni tienen tanta experiencia como las empresas occidentales, cuentan con suficiente respaldo financiero de su gobierno y podrían ser atractivos políticamente para dirigentes en América como Chávez. “No podemos competir del mismo modo que las empresas petrolíferas nacionales chinas porque no tenemos un gobierno que va a ir a Angola y construir una red ferroviaria y hospitales”, decía Clark. “Si acaso, tenemos un gobierno que machaca a algunos de estos países porque no tienen el tipo de democracia evolucionada que nosotros disfrutamos”.

Los altos beneficios –y costes- del petróleo

Detrás de gran parte del debate sobre el sector petrolífero está la indignación de la gente por los altos beneficios que las empresas petrolíferas están obteniendo gracias al continuado y rápido crecimiento de su precio. En los últimos tres años, el precio del barril de crudo se ha duplicado, superando en la actualidad los 60 dólares. En países en desarrollo como Nigeria y Venezuela, los altos precios han generado cierto resentimiento y la percepción –real o imaginaria-, de que se están malversando los recursos mientras sólo unos pocos dólares acaban en los bolsillos locales.

Una escasez de petróleo a escala mundial multiplica los problemas, explicaba Witold Henisz, profesor de Gestión de Wharton. Los países desarrollados siguen consumiendo petróleo y aparecen nuevas demandas en China e India. “La capacidad sobrante global está situándose por debajo de un millón de barriles al día”, señalaba.

Por su parte, Clark abordó la creencia popular de que en los pozos petrolíferos mana dinero. El negocio parece lucrativo ahora, pero el precio del crudo oscila con regularidad y por tanto también los beneficios. “Mi segundo año como directora financiera fue 1998, cuando el precio del crudo se situó en 10 dólares. Mi máxima preocupación era … como pagar las nóminas”. Desde 1972 hasta 2004, el rendimiento medio del sector para el capital invertido fue muy similar al del sector manufacturero estadounidense, añadía. E incluso durante los dos últimos años, a medida que los precios subieron, el margen de beneficios promedio del sector no fue mucho más elevado que el margen promedio de todas las empresas estadounidenses: 9,5% versus 8,2%. “Si examinas un periodo amplio, el sector petrolífero no ha generado beneficios excesivos”.

Además de la volatilidad de los precios, parte del motivo reside en que la exploración y extracción del petróleo cuesta mucho dinero. Es más, recientemente esos costes han aumentado porque las empresas petrolíferas han acabado con las reservas de más fácil acceso. “Nos introducimos cada vez en aguas y reservas de petróleo más profundas”, decía Clark. “Estamos extrayendo a 25.000 pies por debajo de la superficie terrestre”.

Las explotaciones en el extranjero en particular han experimentado un incremento exacerbado de los costes, añadía Clark. Hace tres años una empresa habría pagado unos 170.000 dólares al día por gestionar una plataforma petrolífera en aguas profundas. Un pozo similar cuesta unos 500.000 dólares diarios. “En la actualidad, 50 millones de dólares por una explotación petrolífera en aguas profundas es algo habitual. Y si tienes problemas, siempre puedes tener un pozo por 150-170 millones de dólares”.

Fleisher se mostraba de acuerdo con el análisis de Clark. “Estaba en el sector en los 80, cuando el precio del crudo llegó a los 10 dólares, y todo lo que ví en los siguientes 15 años fueron empresas abandonando el negocio”.

Dada la volatilidad del negocio petrolífero y la gran incertidumbre de los gobiernos extranjeros, un miembro de la audiencia preguntó si las principales empresas petrolíferas deberían introducirse en el negocio de gasificación del carbón o de exploración de pizarra bituminosa. En este proceso de gasificación, el carbón es pulverizado y se transforma en combustible gaseoso; la pizarra bituminosa es una formación rocosa que contiene un material llamado kerógeno que puede destilarse convirtiéndose en petróleo y gas. Estados Unidos tiene abundantes reservas de carbón y pizarra bituminosa.

Clark señalaba que la volatilidad del precio del crudo socava todo intento de promover fuentes energéticas alternativas. Un proyecto que parece prudente cuando el precio del crudo es 60 dólares el barril podría parecer extravagante cuando el precio es 30 dólares. Además, el carbón genera incluso mayor contaminación que el petróleo. “Si te preocupa la seguridad energética, eres partidario de extraer todo el carbón que se pueda. Pero si te preocupa el medioambiente, el carbón desprende mucho más dióxido de carbono que el petróleo o el gas natural. Antes de que el carbón gasificado se convierta en una fuente energética relevante, tendrán que resolver el problema del secuestro de carbono”.

Publicado el: 16/05/2007

Advertisements

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s