Hemorragias internas, daños auditivos y dolor extremo aguardan a la fauna marina del Mediterráneo

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La fauna marina del Mediterráneo occidental vivirá una experiencia cercana al fin del mundo. El impacto de los cañones submarinos emitiendo cada diez segundos ondas sonoras a 249 decibelios, muy por encima del umbral del dolor, situado en los 180 decibelios, devastará la pesca durante meses en el Golfo de Valencia, amenazará el hábitat de miles de aves y alterará las rutas migratorias de cetáceos, delfines y tortugas con unos efectos secundarios que incluyen dolor extremo, hemorragias internas y daños auditivos irreversibles.

A pocas semanas del comienzo de la campaña sísmica de la petrolera escocesa Cairn Energy a 50 kilómetros de Ibiza, un informe de Ecologistas en Acción revela los principales efectos en la fauna marina basándose en lo ocurrido en proyectos similares en otras partes del planeta.

En su defensa, la petrolera explica que «antes de comenzar la adquisición sísmica se lleva a cabo un procedimiento de arranque suave en el que el sonido se emite a menor intensidad al principio y se va aumentando», lo que «permite a los mamíferos marinos alejarse del área de estudio». Además, contratarán Observadores de Mamíferos Marinos para trabajar en el buque sísmico las 24 horas del día, y así detectar la presencia de mamíferos marinos en el área de estudio.

La perturbación acústica interfiere en sus funciones naturales como la alimentación, migración o cría. Investigadores han documentado el desplazamiento masivo de rorcuales desencadenado por el ruido de una prospección geofísica a 285 kilómetros de distancia del área de estudio, lo que incluiría en este caso parte de la costa catalana y Murcia. La zona de prospección petrolífera coincide, además, con la principal ruta de migración de cetáceos del Mediterráneo occidental, vital para la supervivencia de las poblaciones del delfín común, delfín listado, calderón común, calderón gris, cachalote y rorcual común (especie en peligro de extinción).

Todas estas especies figuran en la Directiva Hábitat aprobada por la UE el 21 de mayo de 1992, señalando que «deben ser objeto de medidas especiales de conservación de su hábitat».

El informe de los ecologistas revela que prospecciones acústicas realizadas en el Mar del Norte tuvieron como consecuencia una disminución de la población de peces durante y después de los sondeos, de en torno al 35% para especies que viven cerca del fondo del mar (demersales) y del 54% para especies pelágicas. Igualmente explican que se podría ver afectado el marisco, los cefalópodos, el plancton, los huevos y las larvas de peces. Otros estudios realizados en Canadá confirman daños a huevos y larvas, que literalmente explotan por efecto del sonido. Dichos estudios alertan también de cambios en los patrones de migración de las especies pudiendo afectar a procesos vitales como la alimentación y el desove.

Otras investigaciones científicas han demostrado que las prospecciones provocan lesiones internas a los cefalópodos, así como cambios en el comportamiento y huida, por lo que cabría esperar una reducción notable de las poblaciones de peces con consecuencias fatales para los recursos pesqueros, que supondría un golpe de gracia para la pesca en la zona de Levante y parte del mar balear. Los pescadores del Golfo de San Jorge (Argentina) denunciaron la desaparición de la pesca durante 19 meses tras la realización de sondeos acústicos, dejando sin sustento a miles de familias que vivían directa o indirectamente de este sector.

Especies de aves en peligro de extinción como la pardela balear, que tiene el 90% de su población mundial en Ibiza y Formentera, conservan sus zonas de cría a tan sólo unas decenas de kilómetros de las áreas donde están previstos los sondeos, ya que allí se encuentran las poblaciones de peces de las que se alimentan.

En cuanto a los cetáceos, Ecologistas en Acción subraya que los mamíferos marinos son especialmente sensibles a los sondeos. El ruido provocado por las detonaciones de los cañones sónicos se intensifica en el mar y se propaga a gran velocidad dañando gravemente a delfines y ballenas, pudiendo provocarles daños graves auditivos, dolor extremo, hemorragias internas e incluso la muerte. Ya se ha documentado la muerte masiva de miles de delfines varados en la costa del Perú coincidiendo con simples sondeos para la exploración de petróleo.

Las tortugas marinas, por su parte, utilizan y reciben sonidos de baja frecuencia, coincidiendo con la emitida por las prospecciones, que les sirve para evitar predadores, y posiblemente para detectar y regresar a las playas donde nacieron y depositar sus huevos. Estudios donde tortugas marinas fueron expuestas a los disparos de los cañones de aire a distancias de entre 20 metros y 2 kilómetros observaron cambios en su comportamiento, como un aumento en su actividad natatoria, alejamiento de la fuente del sonido, agitación y disminución temporal en la audición.

La zona del estudio coincide, además, con la zona de alimentación estival y de migración otoñal de la tortuga boba (Caretta caretta). Las tortugas marina son, además, especies protegidas por tratados tanto nacionales como internacionales.

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