Los terremotos pillan desprotegidos a los edificios de un área sin riesgo sísmico

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Los terremotos provocados por la plataforma Castor en el Golfo de Valencia se están produciendo dentro de la región más vulnerable a los movimientos sísmicos de España. Los mapas del Servicio de Información Sísmica del Instituto Geográfico Nacional utilizados para fijar las exigencias mínimas de seguridad de las construcciones de todo el territorio español aseguran que el norte de la provincia de Castellón y el sur de la de Tarragona presentan un riesgo nulo o bajo a los temblores de la tierra. Pero los habitantes de esas zonas, especialmente en los municipios castellonenses de Vinaroz, Benicarló y Peñíscola, están comprobando que la amenaza existe y se mueve bajo sus pies, con el agravante de que los terremotos son el único fenómeno natural imposible de predecir.

Desde que el pasado 5 de septiembre se registró el primer seísmo en la zona más cercana a la plataforma de inyección de gas Castor, ubicada en el Golfo de Valencia a 22 kilómetros de la costa, los municipios de su ámbito de influencia han sufrido más de 400 terremotos. La mayoría no ha llegado a apreciarse pero un reducido número ha alcanzado cotas preocupantes, de hasta 4,2 grados en la escala de Richter. En lugares de España habituados a este fenómeno, esas magnitudes no representarían ningún riesgo, pero en la zona en la que se están produciendo podrían verse afectadas las estructuras de las edificaciones.

Normativa de construcción

Según explican desde el Instituto Geográfico Nacional (IGN), el mapa de riesgo utilizado por la normativa de construcción intenta hacer predicciones tomando como punto de partida los datos observados en los últimos 500 años y las condiciones del terreno. Castellón y la mayor parte de Tarragona forman parte de la zona de España en la que se considera que el riesgo sísmico es nulo, junto a la meseta, el interior de Cataluña y la mayor parte de la Cornisa Cantábrica. La ausencia de riesgo se debe en gran parte a que nunca antes se ha registrado en el Golfo de Valencia una oleada de temblores como la que se está produciendo ahora en la zona, otra prueba de que los terremotos han sido inducidos artificialmente por las inyecciones de gas en la corteza terrestre que la plataforma Castor ha estado realizando entre el 14 de junio y el 16 de septiembre. A estas altura, hasta el Ministerio de Industria considera evidente esa conexión.

Mapa de riesgo sísmico utilizado por la normativa de construcciónMapa de riesgo sísmico utilizado por la normativa de construcción

“En la provincia de Castellón no se aplica la normativa sísmica porque estamos fuera de la zona de riesgo. Se tienen en cuenta otros aspectos, como el efecto del viento, pero los edificios no están preparados de ninguna forma especial para este tipo de temblores, algo que contribuye a facilitar y abaratar la construcción”, explica María Luis Pobo, coordinadora del Colegio de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Castellón. “No sabemos si estos terremotos van a hacer que se cambie la normativa. Esperemos que no”.

Medidas de precaución especiales

Las zonas de España con las construcciones más resistentes por normativa son la provincia de Granada y parte de la provincia de Alicante. Los Pirineos, el Sureste peninsular y la zona más occidental de Andalucía también se consideran zonas de peligrosidad sísmica. “En esas regiones las edificaciones deben de estar preparadas para soportar el efecto del movimiento horizontal de los terremotos, sobre todo, mediante la aplicación de forjados horizontales más resistentes, pilares más profundos y soluciones en las fachadas para evitar desprendimientos. También hay que dejar una mayor distancia entre edificio y edificio para evitar un efecto martillo. Pero nada de eso se aplica en la provincia de Castellón porque nunca se ha considerado una zona de riesgo”, explica Pobo.

La probabilidad de que este fenómeno se produjera de forma natural era tan baja que ni siquiera los planes de emergencia sísmica de la Generalitat de Cataluña y de la Generalitat Valenciana incluyen este área de sus respectivos territorios en la zona de riesgo. En el caso de la norma catalana, la amenaza sísmica en el sur de Tarragona está clasificada como baja o nula. Y en el caso de la ley valenciana, el riesgo de una catástrofe de este tipo en la provincia de Castellón es inexistente. No obstante, los planes de ambas comunidades prevén protocolos de actuación en caso de terremoto que ya han sido activados.

El recuerdo de Lorca

De momento, los movimientos de la tierra están siendo sentidos por la población pero no han ocasionado heridos ni daños estructurales en las construcciones. Ayuda la distancia al epicentro, situado en la mayoría de los casos a más de 30 kilómetros de la costa, y también su profundidad, aunque algunos se han producido a menos de un kilómetro de profundidad. Los más virulentos, uno de 4,2 y dos de 4,1 grados en la escala de Richter registrados esta semana, liberaron cada uno energía equivalente a la explosión de una bomba atómica de baja intensidad.

Están a sólo unas décimas de la mayor catástrofe sísmica que ha sufrido España en su historia reciente, el terremoto de Lorca de mayo de 2011 en el que murieron nueve personas, más de 300 resultaron heridas y 4.000 edificios se vieron seriamente dañados. En aquella ocasión, el temblor alcanzó los 5,1 grados en la escala de Richter. Pero se trata de una gradación exponencial. Los expertos consideran que Castellón y Tarragona están lejos de ese escenario, aunque por si acaso, las administraciones ya han activado sus planes de emergencia.

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