La falla Castor y la Tierra

FUENTE

Antonio Aretxabala

Ya tiene nombre, es la falla Castor, pasará a la historia española como uno de esos descubrimientos científicos hijos del azar, así lo hicieron la penicilina, los rayos X o el microondas. Pero el estilo español brinda otra vez un bautizo molesto, con ocho meses de retraso es casi ruborizante. En el aspecto informativo nuestras instituciones siguen practicando una pedagogía y divulgación oscura y deficiente, insultante es un calificativo suave.

No es la primera vez tampoco que algo así ocurre con el Proyecto Castor. Algunas asociaciones ciudadanas, empresas petrolíferas, científicos independientes y hasta el Observatorio Sismológico del Ebro ya se habían adelantado a las conclusiones corroboradas ahora por el IGME y el IGN. Y es que las pruebas circunstanciales aquí fueron infalibles. Además también se adelantaron los ciudadanos a la advertencia de que el no estudiar el impacto sísmico iba a traer consecuencias económicas. ¿Cuánto nos va a costar algo que no es sino un problema de actitud?

El Ministerio de Industria ordenó el día 26 de septiembre de 2013 paralizar la inyección de gas colchón al detectarse demasiados seísmos en la zona. Quien quiera información sobre su potencial sísmico tan sólo tiene que teclear en su navegador NCSE para ver el mapa que califica a la costa de Tarragona y Castellón como la menos sísmica del Mediterráneo. La empresa Escal UGS comunicó a la agencia ACN de noticias aquel día que ya se había encargado el estudio del porqué de tanto temblor: «confiamos en que el informe que realicen en el IGN, confirme que los seísmos se producen porque la plataforma está construida en una zona de importante actividad sísmica». Llevaban semanas haciendo temblar Vinaròs.

La hemeroteca es cruel, la zona sigue siendo con Valladolid y Vizcaya la menos sísmica de Iberia, y si verdaderamente creían que era una zona de importante actividad sísmica, qué pintaba allí una industria de conocido carácter sismogenético; inyectar fluidos en el subsuelo es ya la forma de provocar terremotos de moda: el fracking lo abandera, la experiencia científica vuelve a ser infalible: incluso zonas no propensas han reaccionado con terremotos violentos.

Hemos tomado medidas razonables, aunque todavía mejorables, cerca de las zonas de conocida sismicidad histórica. Sin embargo, en aquellas áreas donde estamos cambiando el régimen hidrológico, climático, tensional o industrial, no nos hemos parado a pensar en el efecto de nuestras actividades. Tenemos que pensarlo cuanto antes y planificar en consecuencia. Ya no podemos asumir más que no se derivará daño alguno con la reducción y cambios en las capas freáticas, con la modificación radical de las condiciones hídricas o tensionales de zonas que no son tan inertes como creíamos, pensando de esa manera seguir con esas prácticas sin tomar medidas que se incluyan en las normas de construcción.

Iberia está llena de fallas, fallas que nos preceden en el tiempo, que ya estaban sacudiéndose antes de que nosotros pintásemos bisontes en Altamira y que aún no conocemos. La asesina falla de Alhama de Murcia fue descubierta y bautizada en 1979, sólo necesitó 32 años para matar, para provocar que ricos patrimonios fuesen perdidos, paisajes modificados de por vida, dramas personales incurables, sectores económicos irrecuperables; las comunidades que no le dieron importancia a la seguridad sísmica quedan afectadas por años, por décadas, a veces para siempre.

Es deber de la sociedad en general y de los científicos en particular el despertar en la medida de lo posible la inquietud de los profesionales involucrados en el diseño, construcción y mantenimiento de todas las obras de infraestructura, sean éstas de inyección de gas u otras de conocido carácter sismogenético, así como en los dirigentes y planificadores, para que se produzca un cambio de actitud hacia los problemas que pueden generarse por sus decisiones cuando no se tiene en cuenta el estado de conocimiento de una manera objetiva y natural, holística y participativa. Nuestras decisiones y por lo tanto actividades siempre tienen respuesta. Esta vez se llama falla Castor, ¿cuál será nuestro próximo descubrimiento?

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