El proyecto Castor, en espera de encontrar las causas y prever las consecuencias

El responsable del almacén de gas y dos expertos en geotécnica analizan en el IIE la posible vinculación del mismo con los seísmos producidos en la costa de Castellón y Tarragona

 

El responsable del proyecto Castor, Recaredo del Potro, y dos expertos en geotécnica analizaron el lunes en el Instituto de la Ingeniería de España la posible vinculación del almacén de gas con los seísmos producidos en la costa de Castellón y Tarragona. Recaredo del Potro subrayó que la construcción ha seguido todos los controles exigidos y que colaboran estrechamente con la Red Sísmica Nacional. El catedrático Antonio Soriano, por su parte, cree que es casi seguro que sean las inyecciones de gas las que provoquen los seísmos, pero no ve peligro para las edificaciones en tierra, ya que ha habido casos similares anteriormente. El ingeniero especializado Isaac Álvarez propuso una teoría alternativa, según la cual la roca almacén podría haberse deteriorado por el CO2 existente en el antiguo yacimiento petrolífero de Amposta, ahora utilizado como almacén.

Recaredo del Potro, presidente de Escal UGS, y responsable del proyecto Castor, el almacén de gas situado en el fondo del mar Mediterráneo junto a la costa de Castellón y Tarragona, afirmó ayer que se reanudará o no “según lo que diga el Gobierno”. Del Potro, junto a otros dos expertos en geología, abordó ayer lunes la situación del proyecto Castor en una jornada celebrada en el Instituto de la Ingeniería de España, analizando las cuestiones técnicas y la posible vinculación del almacén con los sismos acontecidos en la zona, en concreto en la ciudad de Vinaròs, la más cercana al complejo.

Del Potro aseguró que “no ha habido un proyecto que haya seguido un sistema tan complejo de autorizaciones administrativas como este; en total, unas 42”. También estimó en más de 100 los sondeos realizados en la zona, cuyos datos han utilizado para prevenir cualquier tipo de problema. “La administración nos obligó a hacer un sondeo específico sobre la roca cobertera”, añadió. Los estudios se han ido realizando “continuamente” desde 2002, incluso después de la concesión, producida en el año 2011.

El responsable de Castor afirmó que las fallas de la zona del almacén están “perfectamente cartografiadas” en los sondeos. Asimismo, añadió, el almacén puede tener, según un estudio realizado en Francia, hasta un aumento de presión de 49 bares, sobre los 180 que tiene en estado de reposo. “Al inyectar el gas aumentamos en 8 bares la presión, en dinámica, y en 6 en estática”, señaló, dejando claro que los 49 quedan muy lejos. “Ni podemos ni queremos llegar a esa presión”, añadió.

Tampoco está habiendo ningún escape de gas, señaló Del Potro, según los datos obtenidos con los manómetros que monitorizan la zona de contacto del gas y del agua.

Del Potro agradeció la colaboración “impecable” con la Red Sísmica Nacional en la observación de los sismos ocurridos recientemente en la zona de Vinaròs. “Según sus datos, los epicentros de los sismos están a 10 kilómetros del Castor, pero al estar los sismómetros en tierra nos han dicho que pueden tener una imprecisión en su cálculo de 10 kilómetros”, precisamente.

Los sismos han coincidido temporalmente con las inyecciones de gas, reconoció, aunque “con matices”. “Empezamos en junio durante 10 dias. En julio nada, y luego 4 días en agosto. Luego empezamos con mayores volúmenes el 2 de septiembre. Y hasta el 9 no hubo eventos sismicos anormales”. Las inyecciones pararon el 16 de septiembre.

Isaac Álvarez, ingeniero de Yacimientos y profesor asociado de la Escuela de Ingenieros de Minas de Oviedo, trabajó con Campsa en el yacimiento petrolífero de Amposta (donde ahora está situado el almacén de gas), y reconoció en la jornada que “es imposible cubrir todos los eventos” que se producen en la corteza terrestre, que es algo “muy frágil”.

Álvarez subrayó que un yacimiento como el de Amposta no tiene nada que ver con el ‘fracking’, y que es “casi imposible” fracturar la roca. “No habría bomba suficiente para meter agua a toda presión Es como intentar fracturar una cañeria de 2 metros de diámetro con un grifo de casa”.

El experto señaló que, según los datos disponibles, ni ha habido una fuga de gas por la falla, porque la presión está mantenida en niveles correctos, ni se ha llenado en exceso el almacenamiento (lo que habría provocado una fuga de gas), ni se ha escapado el gas por la roca cobertera del almacén. Por tanto, sugirió una teoría alternativa para explicar los seísmos.

Teoría alternativa

El almacén (y antes el yacimiento) de Amposta está situado en un karst, o relieve kárstico, formado por rocas calizas porosas. En tierra, forman cuevas con estalactitas y estalagmitas, formadas por la corrosión y precipitación de la roca provocada por el dióxido de carbono. En el fondo del mar, este dióxido es mucho más corrosivo, explicó Álvarez. Según él, durante la explotación petrolífera del pozo, se podría haber liberado parte del CO2 disuelto en el petróleo, que habría pasado al agua, haciéndola corrosiva, debilitando la roca almacén y provocando hundimientos.

Antonio Soriano, catedrático y director del Departamento de Ingeniería y Morfología del Terreno de la Universidad Politécnica de Madrid, sin embargo, consideró poco probable esta teoría alternativa y afirmó que “hay muy poca duda de que los sismos están causados por la inyección de gas. El aumento de presion en la línea de rotura de la falla, si aumenta la presión del gas, aunque sea un poco, hace que la falla se hunda ligeramente”.

Sin embargo, matizó, no hay motivos para una preocupación excesiva. “La energía que se puede liberar tiene un límite, que lo marca la longitud y otras características de la falla. Y no puede ser mucho mayor de lo que estamos sintiendo hasta ahora”. El mayor seísmo medido hasta ahora tuvo una magnitud de 4,2. “¿Cuál es el límite, 5, 6? Para eso hay que estudiar más, reconoció”.

Pero lo importante, señaló, no es la magnitud, sino la intensidad en la costa, es decir, cómo se siente y cómo afecta el terremoto. “Por debajo de intensidad 7, una edificación bien construida no sufrirá”. Aún no hay datos sobre Vinarós, pero Soriano piensa que las intensidades producidas hasta ahora están en torno a 3.

Soriano trabajó en el proyecto de la presa de Itoiz, en Navarra, que produjo seísmos de magnitud 5, “30 veces más energéticos que uno de 4,2”, y que provocó intensidades de hasta 5 en Pamplona. En el caso de Vinarós, Soriano estima que pueden producirse seísmos de hasta magnitud 6 en la zona de Castor, “pero al ser muy superficiales, la intensidad en tierra sería de 5, y ni siquiera eso haría daño a las estructuras ni a las edificaciones”. En todo caso, reconoció, el límite es difícil de precisar, y habría que hacer más estudios.

Soriano precisó también que el llenado con gas del almacén “libera energía existente en la falla, no la acumula”.

Cobertura en los medios

El Mundo, 14 de octubre.

El Economista, 14 de octubre.

El Día, 14 de octubre.

Las Provincias, 15 de octubre.

Levante, 16 de octubre.

El Periódico Mediterráneo, 17 de octubre.

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