Se expande por el mundo una nueva burbuja energética: las inversiones en bonos basura para el desarrollo del fracking

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En los últimos años, en Estados Unidos ha bajado el precio del gas por el desarrollo de la polémica técnica de la fracturación hidráulica o “fracking”. Sin embargo, esta nueva fiebre del oro se está poniendo en duda por la calificación de las inversiones como bonos basura, es decir, una inversión de alto riesgo de la que se puede ganar mucho o perderlo todo, según Bloomberg.

El fracking, que permite extraer hidrocarburos atrapados entre rocas, tanto gas como petróleo, según el último informe de la Energy Information Administration de Estados Unidos, permitirá que la producción total de petróleo de este país llegue a su cenit en 2019, con 9,61 millones de barriles (diarios). Por eso, los grandes capitales que ven como los tipos de interés de la Reserva Federal siguen en bajos históricos, buscan con avidez nuevos mercados.

Bonos basura para inversiones inciertas

Rice Energy Inc. es un productor de gas natural que busca financiación, y a pesar de que sus créditos son considerados de alto riesgo consiguió 900 millones de dólares en tan solo tres días de abril, unos 150 millones más de los que andaba buscando.

No está mal para la primera emisión de bonos de la compañía, especialmente porque lleva tres años seguidos perdiendo dinero, ha perforado menos de 50 pozos y porque aseguró que gastaría 4,09 dólares por cada dólar que gane en 2014.

El impulso estadounidense en busca de su independencia energética, se está respaldando con préstamos calificados como basura. La cantidad de bonos emitida por las compañías de exploración y producción (de esquistos) se ha multiplicado por nueve, según Barclays Plc. Esto es lo que está permitiendo mantener en pie la revolución de los esquistos, incluso aunque las compañías gasten el dinero más rápidamente de lo que lo ingresan.

La oferta de bonos de Rice Energy de este mes, ha sido calificada como CCC+ por Standard & Poor’s, unos siete niveles por debajo de inversiones de calidad o un nivel por encima de lo que aseguran algunos inversores institucionales. Standard & Poor’s dice que la deuda calificada como CCC es actualmente “vulnerable al impago” y en condiciones adversas, los bonos con esa calificación probablemente no serán devueltos. Aún así, Rice Energy pudo conseguir créditos al 6,25%.

La nueva burbuja especulativa

“Los inversores están bebiendo cantidades industriales de refrescos llenos de burbujas”, dijo Tim Gramatovich, que ayuda a gestionar fondos por más de 800 millones de dólares de Peritus Asset Management LLC. “Los inversores pierden la disciplina. Dejan de hacer cálculos. Se olvidan de la contabilidad. Están soñando sueños y eso es lo que está sucediendo con el auge de los esquistos”.

Según Rodrigo Irurzun, responsable de Energía de Ecologistas en Acción y miembro de la Plataforma por un Nuevo Modelo Energético, “una de las razones de esta locura es la necesidad de las empresas energéticas de asegurar a los mercados que van a tener reservas de gas para las próximas décadas, de que son solventes y tienen futuro. Necesitan dar confianza a los inversores y por eso exprimen la vaca todo lo que pueden”.

El fracking se basa en estimaciones

“Todos los estudios que se han hecho sobre los recursos que hay de gas no convencional son estimaciones y además, de esos recursos no se sabe cuánto se puede recuperar, así que los datos sobre las reservas de gas en los países son meras conjeturas”, asegura a EnergyNews Rodrigo Irurzun. “Es cierto que se pueden hacer estudios sísmicos, geológicos, prospecciones e incluso catas para conocer la porosidad de la roca, las capas y los distintos materiales del área a estudiar pero es imposible saber cuánto se podrá extraer de lo que se cree que hay, así que todos los estudios publicados ofrecen datos muy aventurados y poco fiables”.

Un negocio de cubitos de hielo

Los últimos contratiempos de otra de las empresas de fracking, Forest Oil Corp. muestran cómo puede salir el tiro por la culata a la estrategia de pedir prestado continuamente para seguir perforando. Forest vendió 1.300 millones de dólares en activos en 2013 para seguir perforando. Después, en febrero, esta compañía productora de petróleo y gas, anunció resultados decepcionantes de sus acciones en Eagle Ford. Forest no consiguió nuevas entradas de dinero suficientes para mantenerse a flote de sus deudas. Tanto S&P como Moody’s redujeron sus perspectivas de crédito a negativas.

Los bonos de Forest se hundieron. Sus 577,9 millones de dólares de espectaculares notas al 7,25% con vencimiento en 2019, se cambiaron en el mercado a 88 céntimos de dólar el 22 de abril según Trace, el sistema de información de precios de bonos de la Autoridad Reguladora de la Industria Financiera; una caída desde el tope de 98,4 céntimos de dólar del 24 de febrero.

“Se trata de un negocio de cubitos de hielo derritiéndose” dijo Mike Kelly, un analista energético de Global Hunter Securities. “Si tu producción no crece, estás acabado”.

¿A quién beneficia este negocio?

De las 97 compañías de exploración y producción que valora S&P, 75 están por debajo del nivel razonable para conceder créditos. El rendimiento promedio de las compañías energéticas de exploración y producción, valoradas como basura, ha caído al 5,4% del 8,1% a finales de 2009, comparado con una caída del 5,21% desde el 9,06% para todas las compañías valoradas por debajo del nivel aconsejable de inversión, según Barclays.

El acceso al mercado de bonos de alto rendimiento ha permitido a los perforadores de esquistos gastar más dinero que el que recuperan. Las compañías catalogadas como basura (junk) de exploración y producción gastaron el año pasado 2,11 dólares por cada dólar que obtuvieron, según un análisis de Barclays de 37 firmas.

Para Rodrigo Irurzun, “se benefician todas las empresas del sector, uno de los lobbies más poderosos del planeta, porque los hidrocarburos están llegando al final de sus días y el negocio se está cayendo a pedazos. Tienen que aparentar normalidad, que hay nuevos yacimientos, que la rueda sigue girando. Ahora llegan a Europa para seguir manteniendo las expectativas, pero es un perfecto ardid para que los inversores pierdan mucho dinero”.

Fuente original: BloombergShale Drillers Feast on Junk Debt to Stay on Treadmill

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